8 Mar

acabat sense construir

Pongamos orden I: Ελλάδα 1.0

2 Abr

A ver.

Dicen que no se puede escribir y vivir al mismo tiempo. O vives y participas, o no vives, sino que empiezas a describir. Escribir sobre lo que vives implica no vivir. Es muy sencillo. Me lo enseñaron en el cole.

Asi que mis disculpas por intentar vivir todo y no tener mucho tiempo para escribir. Y por no tener internet decente, por supuesto. Y puestos a no tener, mis disculpas por no tener acentos. Los serbios no lo practican, por lo visto.

La cuestion es que hoy es un dia lluvioso en Belgrado y da mucha pereza participar, asi que me he tomado la tarde libre. Y aqui estamos. Voy a empezar por el principio, como señorita decente que soy, a ver si nos aclaramos de una vez.

Tengo que reconocer que en pocos lugares me he sentido tan bienvenida como en Grecia, tanto en las islas como en las ciudades. Gran parte de mis dias en el pais que es la cuna de nuestra civilizacion, los pase en una de las islas habitadas mas remotas que os podais encontrar en todo el mar Egeo. Lipsi apenas alcanza los ocho kilometros de punta a punta; es una isla facilmente pateable. Y agradablemente pateable, debo añadir, pues desde suaves colinas llenas de monastirakis (hay aproximadamente un monastiraki por familia lipsiota, es decir unos cincuenta en total) se puede apreciar el color azul cristalino del mar, las playas que en marzo estaban desiertas, las islas inhabitadas circumdantes, y en dias especialmente claros, incluso la costa de Turquia. Ahora no os creais que cada dia era un paraiso. En Lipsi tambien llueve, e incluso tambien graniza, y hace frio como en cualquier otra parte. Pero debo admitir que me bañe en un dia especialmente caluroso, y fue una experiencia rozando lo mistico.

Los lipsiotas son gente muy hospitalaria y de cincuenta años hacia arriba, no hablan ni papa de ingles, excepto la señora de avanzada edad que era nuestra vecina y que se las arreglo para hacernos entender que no podiamos tocar ni uno solo de sus ladrillos antes de que Kostas (el granjero bajo cuya direccion yo trabajaba) le diera los tres euros que le debia. Porque claro, se me ha olvidado mencionar que trabajaba en una granja (WWOOFing, le llaman. Check it out). No: tampoco es tan idilico como os pensais. Mover ladrillos todo el dia, o cavar tierra y trasladarla a plantaderos, o arrancar malas hierbas en cuclillas durante horas, no es necesariamente divertido. Y tampoco lo es tener una ducha que inunda todo el cuarto de baño cada vez que la usas, un calentador que apenas da para cinco minutos, una cocina tan pequeña que cada vez que quieres alcanzar la sal tiras el paquete de nescafe, o un lavaropas totalmente hecho polvo (ergo, lavabamos la ropa a mano, como los antiguos paganos). A veces se hace dificil convivir en estas situaciones con gente que no conoces. Pero aun asi, no cambiaria la experiencia por nada. Veamos, a pesar de los pesares, he aprendido como podar correctamente las viñas, he plantado arboles, me he hecho amiga de una burra vieja, he cocinado pan y mermelada de limon, a parte de otras comidas tipicas griegas, sin mencionar que cada dia he comido probablemente de la manera mas sana posible, recogiendo los frutos del sudor de mi propia frente y de otros cinco mas trabajadores. En resumen: valio mucho la pena.

Y sin mencionar el hecho de que la gente de la isla es de la mas hospitalaria que he encontrado en mi corta vida. Nada malo te puede ocurrir en Lipsi, al contrario todo lo bueno ocurre. La gente te lleva en coche, la panadera arrugada y en eterno duelo te da galletas dulces cuando vas a comprar pan, el dueño del unico supermercado te regala chocolate, y todo el mundo te saluda con un alegre “kalimera” cada mañana. Pero esta hospitalidad no se limita a Lipsi: en mi periplo de vuelta a Atenas, en el que tuve que hacer noche en Kalymnos, una señora que juro que debia afeitarse cada mañana me vino a buscar al puerto a las 3 de la madrugada para ofrecermeuna de sus habitaciones a un precio mas que rebajado gracias a la intervencion de Kostas. Al dia siguiente, cuando decidi coger un autobus regular (como quien se sube al 34 en Barcelona) para ver la isla, el conductor, un tal Giorgos, me dejo subir gratis simplemente por el hecho de darle conversacion durante cinco minutos. Y no solo eso, sino que se tomo la molestia de parar en cada playa para decirme su nombre y explicarme las historias. Las cosas pasan.

 

Bueno.
Espero que mi señor padre se de por satisfecho.

Clases prácticas o lo que no aprendemos queriendo

28 Ene

La primera cosa que me dijeron al subirme al Volkswagen Polo en el que empecé las clases prácticas de conducción fue: “Esto de conducir es serio. Puedes poner tu vida y las de los demás en riesgo”. Dije que sí, y entendí mejor el significado de esas palabras la primera vez que el coche se me caló en un semáforo en verde en medio de Paral·lel. Cuando atiné a volver a poner el motor en marcha y salir del enredo en el que me había metido, el profesor me dijo: “Estas clases son para equivocarte. No pasa nada si te equivocas aquí. Cuando conduzcas de verdad, tendrás que hacerlo como si no tuvieras una segunda oportunidad. Puede que no la tengas, y pueda que sí, pero tienes que partir de la base de que no la tendrás”. Dije que sí, y lo entendí mejor cuando, entrando en la Ronda Litoral, un coche se me echó encima y no chocamos gracias a los pedales del instructor.

Cuando haya aprobado el examen, seré una conductora en toda regla, y habré aprendido que conducir puede ser peligroso y que debo pensar que no hay una segunda oportunidad. Dejando de lado que en este aprendizaje nos hemos dejado el dinero que cuesta dar la vuelta al mundo, es una suerte que antes de lanzarme a la carretera haya habido un profesor a mi lado que apretase el freno a fondo cuando yo no podía.

Porque nadie te avisa de que viviendo puedes poner tu vida y la de los demás en riesgo. Nadie te explica que debes vivir como si no hubiera una segunda oportunidad. Ellos -padres, profesores, amigos, libros y películas- lo intentan, intentan con todas sus fuerzas hacernos dar cuenta de que vivir es peligroso porque te vas a equivocar y la cantidad de daño que vas a hacer será tan descomunal que te costará levantarte cada mañana. Sin embargo, nadie escucha. Y hacemos una cantidad de daño que nunca imaginábamos que estaba en nuestro poder desatar. Los seres humanos tenemos esa extraña manía de no aprender hasta que nos hemos equivocado. Tenemos esa extraña costumbre de no entender la palabra “prevenir”. Debemos equivocarnos para vivir, y eso lo aprendemos equivocándonos, porque no hay ningún profesor al lado que te diga qué hacer cuando se te cala el coche en una intersección. Ni cómo acostumbrarnos a no tener lo que deseamos. Nadie nos dice cómo deshacer los ovillos, ni cómo arrancar en subida, ni nos dicen que llega un momento en el que vamos tan deprisa por la carretera que parece que los coches a nuestro alrededor ralenticen su marcha.

Y si hay alguien que nos lo dice, nunca nos da la gana escucharle.

El fin del mundo

19 Dic

fin del mundo

Dicen que dicen que el calendario maya podría sugerir que quizás este 21 de diciembre el mundo se acabará. También se dice que dicen que no es el fin del mundo sino un “cambio de dinámica”, de paradigma, de energías y sinergías y demás. Otros hablan de una catástrofe natural. Rodeados por esta cacofonía apocalíptica, el 21 de diciembre se acerca, y quien más quien menos nos lo miramos con cierta curiosidad.

Este anuncio de cataclismo teñido de algo de esoterismo centroamericano llega en el mejor momento. Varias películas, series y libros han pregonado diferentes fines del mundo (incluso de los mundos) en los últimos años. Algunos ejemplos: Fringe, 2012, El día de mañana, The Walking Dead, Soy leyenda, y la lista podría ser interminable. Está claro que la industria de Hollywood y compañía se nutre de la ansiedad de un público que, por alguna razón, ha puesto de moda las historias catastrofistas. ¿Por qué? ¿Y por qué la profecía maya ha causado tanto revuelo? Al fin y al cabo, nos jactamos de vivir en una sociedad occidental y racional.

La respuesta es más bien simple: tenemos miedo. La sociedad del s.XXI está asustada. Y lo cierto es que no nos faltan motivos: una de las amenazas más obvias a las que estamos sometidos (a la que nos auto-sometemos, porque los humanos somos así de listos) es el cambio climático. El mundo se está derritiendo bajo nuestros pies mientras vamos a la escuela, al trabajo y al gimnasio. Las noticias nos lo recuerdan de vez en cuando, las historias de ficción sobre finales apocalípticos se encargan del resto. Sobre este punto en particular, mi humilde opinión es que haríamos bien en estar mucho más asustados de lo que estamos ahora mismo. Pero sigamos con las amenazas: el terrorismo. Des del atentado a las Torres Gemelas el 11 de setiembre de hace 11 años, una nueva forma de terrorismo, más globalizado y por lo tanto más imprevisible, se cierne sobre nuestras tranquilas vidas. Disculpadme, ¿he dicho  “tranquilas vidas”? ¿Cuáles exactamente, la de la familia desahuciadas o la del joven en paro? ¿O la del inmigrante sin acceso a la sanidad? ¿O quizás la del profesor que trabaja horas crecientes por un sueldo menguante intentando educar a niños con cada vez menos recursos? La crisis financiera que lleva afectando al mundo desde 2008 aproximadamente es la tercera y la más viva amenaza para todos. Y eso no es todo: la crisis es un síntoma claro de la enfermedad que corroe nuestro querido sistema económico capitalista. El capitalismo está asentado sobre la base del “más”. Citando a Marx: “La necesidad de un mercado en constante expansión para sus productos persigue a la burguesía alrededor del globo. Debe anidar en todas partes, asentarse en todas partes, establecer conexiones en todas partes” (The Communist Manifiesto, Oxford World’s classics). ¡Más de todo, y en todas partes! Es de lógica pensar que este patrón no puede ser seguido ad eternum, porque llega un punto en el que las cosas se acaban. Y la crisis, y el cambio climático, son dos indicadores más que claros que este momento está al caer.

Así que quién sabe, puede que los mayas tuvieran, en cierta medida, razón al predecir que alrededor de esta época habría un cambio “de paradigma”, “de era”, o como queramos llamarlo. Porque la verdad es que más nos vale. Quizás sería hora de dejar de permitir que Hollywood se alimente de nuestros miedos y plantar cara a estas amenazas que no son más que hijos díscolos de un sistema que nos empeñamos en conservar mientras hace aguas por todos lados.

ǝuɐן ǝʞıq

17 Nov

Hay un puente que cruza el río Charles y une Cambridge con Boston. Hay varios puentes así, por supuesto, hay el BU Bridge, en el que he robado besos nocturnos, y hay el Mass Ave Bridge, que está medido con Smoots y que he cruzado miles de veces ya sea a pie o en bici, siempre admirando la curiosa silueta de la ciudad. Y seguro que hay más puentes y ni siquiera sé que existen. Pero hay este puente que os digo, este otro puente del que nunca recuerdo el nombre oficial pero que todo el mundo llama Salt&Pepper Bridge, y en este puente hay un cartel que dice “BIKE LANE” que está del revés. Del lado izquierdo mirando hacia Boston, de la mitad del puente hacia Cambridge, hay un cartel, negro con letras blancas y un dibujo de una bici, que está colgando del revés.

¿De qué me sirve acordarme del cartel invertido? ¿Por qué se cuela precisamente ahora esta pequeña pieza del puzzle en mi cabeza? De alguna manera, no puedo evitar presentir que ese estúpido cartel del revés en el puente del que ni siquiera recuerdo el nombre es de extrema importancia.

Y también que antes de llegar a Prince St., se tiene que cruzar Chalk, Cottage, Fairmont St.

Y que la gata no come del bol si no lo pones encima de la silla.

Y que Clay empezó a fumar a los 18 años.

Y que la mujer de la librería de poesía cerca de Harvard Square tiene una hija que se llama Kat.

Hay un puente que une Boston y Cambridge que no es el BU Bridge ni Mass Ave Bridge. No puedo recordar su nombre, pero en la mitad tirando hacia el lado de Cambridge hay un cartel de “BIKE LANE” colgado del revés. Sería mucho más fácil explicaros que es el puente por el que pasa la línea roja de metro, pero ahora mismo es un detalle prescindible. Porque a un Atlántico de distancia, no puedo parar de recordar ese cartel del revés, y Kat, a quien solo vi una vez, y las calles que se tienen que cruzar antes de llegar a casa. Porque si os digo que Clay empezó a fumar a los 18 años y que fuma una mezcla de tabaco turco y tabaco de pipa, os digo mucho más que si os explico que es de Arkansas y tiene el pelo castaño. Y de la misma manera, si os digo que es el puente con el cartel del revés, os digo mucho más que si os digo que es el puente que cruza la línea roja de metro. O quizás no. Pero algo tengo que hacer con estos recuerdos tan absurdos que no me dejan en paz.

Oda a los desajustes

7 Nov

Me gusta mucho Boston. De verdad. Me encanta. Me siento bienvenida en esta ciudad de ladrillo y metal, incluso cuando, como ahora, hace tanto frío que no llueve sino nieva. Me gustan las casas que parecen desteñirse un poco más cada día. Y los edificios altos de negocios que, a medida que te adentras en Mass Ave, se convierten en bloques bajos que albergan tiendas vintage y restaurantes exóticos. Me gusta que los pies se me hundan en mareas de hojas cuando ando por las aceras. Y me gustan los puentes metálicos, me gusta pararme en medio y mirar los botes de remo que pasan como flechas bajo las vigas. Me gusta encontrarme con músicos callejeros y borrachos sin techo que me gritan “nice pants“.

Sin embargo.

Siempre hay sin embargos en las ciudades que no te pertenecen. Como cuando te pruebas un jersey nuevo y, ¡qué bonito!, pero el cuello es quizás un poco demasiado estrecho y, ¿con qué vas a combinar el color?

Sin embargo el frío pirenaico a principios de noviembre. Sin embargo el café. Sin embargo nunca acostumbrarte a vivir en una casa con escaleras. Sin embargo trick or tread en vez de castañas. Sin embargo el Atlántico y las olas demasiado grandes, y sin embargo las líneas de metro que aún no te conoces. Sin embargo la gente, ¿qué hace toda esta gente bebiendo café mientras anda? Y sin embargo el pan y las neveras superlativas, sin embargo los chupa-chups, lacasitos y sugus que no encuentras en las tiendas, sin embargo, ¿como tengo que saludar, dando la mano, abrazo, o nada? Sin embargo saber el nombre de las cosas. Sin embargo una buena tostada, y ¿dónde quedan las calles intrincadas y los edificios cargados de tiempo? Sin embargo ¿dónde están las plazas? Sin embargo cenar a las 10, guitarras españolas y primer plato, segundo plato y postre.

¿Es posible estar feliz y triste al mismo tiempo? Por supuesto. Es como buscar las siete diferencias en el apartado de entretenimiento del diario (excepto que aquí no tienen siete diferencias, ni sudoku, y ni siquiera puedo hacer el crossword). Y cada diferencia que encuentras, aunque no la busques, te hace sonreír a la vez que succiona un pedacito de aire dentro de tu pecho, diciéndote “tú no perteneces a este sitio”. Los desajustes, esta tierra de nadie llena de espejos deformantes, se encargan de repetirte “tú no perteneces a este sitio”, y sin embargo (sin embargo), qué bellos los desajustes.

Es una maldición sin final. Porque al volver, te despiertas en tu propia cama y esperas pancakes o bagels para desayunar. Y en cambio comes las tostadas que hace meses que deseas. Y entonces en tu corazón, imperceptiblemente, empiezas a echar de menos esos bagels. Y sales a la calle y por mucho que andes no encuentras el río. Y ¡qué bien entender todo lo que pasa a tu alrededor!, pero ¿dónde están los ladrillos? Y qué felicidad los restaurantes abiertos hasta las 12am, pero ¿recuerdas qué ilusión esa vez que nevó?

Y poco a poco te ajustas a los desajustes y ríes cuando te das cuenta que has escrito “12am” en vez de “00.00”, y piensas que quizás sí perteneces algo a esta ciudad que te ha acogido repetidas veces. Poco a poco te ajustas a los desajustes hasta que marchas a otro lugar.

Hacer el té es un acto de amor

21 Oct

No sólo porque te tomas el tiempo poner el agua en el hervidor y tragarte la impaciencia mientras esperas a que hierva, buscando otras cosas-5-minutos que hacer -prepararte una tostada, jugar a cartas, hacer la cama,

No sólo porque preparas cuidadosamente las hierbas según tu propia receta ancestral que llevas ensayando desde que tienes memoria, y que mejora la receta ancestral de tus padres,

No sólo porque calculas con ojo experto la cantidad exacta de cucharadas de té y el volumen preciso de agua,

No sólo porque mantienes una parte de tu mente contando los segundos que pasan mientras la infusión reposa a la vez que te ocupas en actividades banales para matar el tiempo,

                                                              sino porque cuando llega la hora de servirlo, sabes exactamente la proporción de leche y de azúcar que debes poner en cada taza. Es en este detalle en el que culmina el ritual de preparar el té, en el que demuestras que es un acto tan íntimo como una mano sobre el hombro, una caricia en la mejilla o un guiño de complicidad.

En tu cerebro almacenas que ni el padre ni la madre toman azúcar, que tu amigo prefiere que viertas la leche antes del té, y que tu abuelo tomaba una sacarina, que tu abuela apenas tomaba leche pero indundaba la taza de azúcar, incluso más que tu, que lo tomas con dos cucharadas generosas y menos leche que tu amigo pero más que tu padre. Y sabes que ellos también tienen guardados estos detalles en su cabeza, para cuando preparan té para ti.

Así que, para hundirnos un poco más en los clichés: no hay dos tés iguales. El té nos define.

Boston hints (II): FUNKY

9 Oct

Propiamente hablando, no es Boston sino Somerville, una ciudad adosada a Cambridge que forma parte del área metropolitana de Boston. Del 5 al 8 de octubre, sus calles acogieron la séptima edición de un festival de música. Pero no es un festival de música corriente.

Se llama HONK!. No podemos esperar encontrar nada normal detrás de este nombre. Mientras me dirigía hacia Davis Square, el epicentro de Somerville, el pasado sábado, empecé a ver gente vestida de forma extraña. Hombres vestidos de mujer, mujeres con bigotes, medias de rejilla, colores brillantes, caras pintadas; lo único que unificaba esta marea de freaks en la que me introducía más y más a medida que avanzaba era que todos llevaban instrumentos a cuestas. Una trompeta, un tambor, un trombón,  una batería entera, todos se saludaban entre ellos y reían. Yo empecé a sonreír cuando encontré un grupo tocando en una esquina: habían conseguido levantar todo el público y hacerlos bailar una serie de pasos levemente irreverentes. Cuando conseguí desviar la mirada del líder del grupo, un hombre tatuado de arriba a abajo que gritaba “dance!“, pude fijarme en los espectadores.

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Aún no he decidido qué parte del festival me sorprendió más, si los músicos o los espectadores. Honk! es uno de esos eventos que los periódicos describirían como “unificador”. No es broma: mirando el espectáculo (los espectáculos, porque varios conciertos sucedían y se sucedían al mismo tiempo) se encontraban abuelos solos, abuelos con nietos, jóvenes de Harvard bien vestidos, jóvenes mal vestidos, jóvenes muy mal vestidos, padres de familia con barriga cervecera y gorra de los Red Sox, cochecitos de bebé, adolescentes rebeldes, adolescentes que acompañan a sus abuelos, niños que acompañan a sus hermanos mayores, weirdos y no weirdos, algunos misfits y algunos que están perfectamente fits… Supongo que se entiende la idea, pero lo que quiero decir es que en el mismo metro cuadrado bailaban juntos un okupa de pelo verde y un profesor del MIT que seguramente era la primera vez que se despeinaba el bigote.

Esto es Honk!.

Es un evento popular en el mejor sentido de la palabra. Es la más pura anarquía musical tomando las calles. Es una forma de protesta genuina y libre. Todos están allí porque quieren estar allí: los conciertos son gratis. Las bandas vienen de todos las esquinas del mundo (no es una exageración) porque Boston, concretamente Somerville, pierde un poco la compostura NewEnglandesa y se pone toda funky. Son bandas hechas de músicos callejeros que no conocen mejor forma de activismo que salir a las aceras, cortar el tráfico y esperar alegrarle el día a un puñado de personas, músicos que se apuntan a un bombardeo y que, aún peor, consiguen que les sigas.

Pero lo mejor de todo es que es un acto que no se limita a la diversión, aunque los vestidos extravagantes y los bailes infantiles parezcan indicar lo contrario. Lo que Honk representa va mucho más allá y es mucho más serio. Lo que dicen las trompetas y los tambores es “movilízate, no te quedes ahí de pie, pasmarote, involúcrate, lucha por lo que quieres sin pararte a pensar cómo te mirarán los demás, echa una ojeada a tu alrededor y crea cambios, porque si el mundo donde vivimos es un mundo en el que tocar en la calle puede ser ilegal, yo no quiero ser parte de él”.

25S y la clase de historia que los políticos se saltaron

27 Sep

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[Fotos de Teresa Forn i Ramón Serra]

Si incluso a Boston llega el olor de la indignación, no quiero saber como huele España en este momento.

Lo que más me sorprende es la ingenuidad de la clase dirigente. Aporrearon al 15M, y el 15M se volvió a concentrar. Aporrean el 25S y se convocan más encuentros, no sólo en Madrid sinó también en Barcelona y otras ciudades. No entienden que cada golpe que dan ayuda a extender el movimiento como una mancha de aceite.

Una de las múltiples cosas que aprendí en la escuela es que la historia siempre nos enseña, y me parece a mí que en este caso concreto tiene mucho que enseñarnos. La gente no se coloca delante de la policia por gusto, sinó que lo hace por necesidad, y cuanta más necesidad, menos miedo.

España, entre muchos otros países, ha sufrido una ola de recortes y de políticas de austeridad en los últimos anyos bajo el pretexto de recortar el déficit. Aquí debemos puntualizar: hay dos tipos de déficit, el legítimo y el ilegítimo, como bien dice la diputada valenciana Mónica Oltra. El déficit legítimo es aquel que surge de invertir en una sanidad pública de calidad, en una educación  universal y sólida, en unos servicios decentes que, como su nombre indica, estén al servicio de la sociedad. El déficit ilegítimo es el que se crea a través de políticas incompetentes, de políticos corruptos y de gastos excesivos más que innecesarios. Debo dejaros adivinar de cuál es el que España se adolece?

La ya mencionada ingenuidad de los ya mencionados políticos lleva este país a un agujero negro, pues no se dan cuenta de que nuestro problema es un pez que se muerde la cola. Las políticas de austeridad que estamos sufriendo no hacen sino hundir a la clase media y por supuesto a la clase baja en un pozo sin fondo, porque se recorta a los más necesitados, a quienes les toca asistir impotentes a la desaparición de su dinero, de su casa, de su sanidad, de su pensión. Esta masa de gente que con cada recorte se extiende un poco más no va a pensárselo dos veces cuando les toque enfrentarse a la policía.

Cuantos más recortes y privaciones, más necesidad, y cuanta más necesidad, menos miedo.  

Ya hemos sido testigos de lo que ha ocurrido en Libia, en Egipto y en Siria. Saber de lo que ocurrió el 25 de setiembre en Madrid me llena de preocupación, porque cuando la rueda empieza a girar no hay nadie que la pare. No la paran los gobiernos y menos los balazos de goma, y esa es la gran lección que nos ensenya la historia, aunque parece que los políticos hicieron novillos el día que la dieron en clase.

Lo que está ocurriendo estos días, no sólo en España sinó en todo el mundo, es un cambio que no alcanzan a abarcar, que es más grande que ellos, y que tú y que yo, porque es la historia que está siendo escrita en estos mismos instantes. El cambio es inevitable. Lo único que cabe esperar es que se lleve menos sangre que los cambios pasados, a ver si demostramos que nosotros al menos sí aprendimos de la historia. 

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If the smell of outrage even reaches Boston, I don’t want to know how does Spain smell right now.

What surprises me the most is the politicians’ naivety. They beat 15M up, and 15M regrouped again. They beat 25S and more demonstrations are called, not only in Madrid but also in Barcelona among other cities. They don’t understand that each strike they give helps to spread the movement as an oil leak.

One of the many things that I learned in school is that History can always teach us, and it seems to me that in this case it has a great deal to teach us. People don’t stand before the police for the pleasure, they do it out of need, and the more need, the less fear.

Spain, among many other countries, has suffered through the last years a wave of budget cuts and austerity policies with the excuse of cutting down on the deficit. We need to clarify: there are two kinds of deficit, the one that’s legitimate and the one that isn’t, as valencian deputy Mónica Oltra says. The legitimate deficit is the one that appear because of the investments in a public health care of quality, in a universal and competent education, in decent services that, as its own name tells, are at society’s service. The illegitimate deficit is the one created through useless policies, corrupted politics and unreasonable and more than useless expenses. Should I let you guess which one is Spain’s?

The already mentioned politicians’ naivety leads this country into a black hole, as they don’t realize that our problem is a downward spiral. The austerity policies that we suffer do nothing but sink middle classes and of course low classes in a bottomless pit, as budget cuts affect the more vulnerable, who have to helplessly witness the disappearance of their house, their money, their health care and their pension. This group of people that with every cut grows bigger won’t think twice when the moment to face police arrives.

The more cuts and deprivations, the more need, and the more need, the less fear.

We have already seen what happened in Libya, in Egypt and in Syria. Knowing what happened in September 25th in Madrid worries me, because when the wheel starts to turn, no one is able to stop it. The governments aren’t able to stop it, not to say rubber bullets,  and that’s the great lesson that History teaches us, although it seems that politicians truanted that day of class.

What happens these days, not only in Spain but all around the world, is a change that they can’t take in, that is bigger than them, and that you and me, because is History being written in these same instants. The change is inevitable. We can only hope it to be less bloody than previous changes. Let’s see if we prove that at least we did learn from History.

Moosilauke

20 Sep

Voy a correr el riesgo de ser repetitiva para decir que América es grande. Ya sé que todos tenemos más que claro que las neveras americanas son grandes, pero es que es algo que de verdad impresiona. Todo es grande. Los cafés, las autopistas, las casas, las neveras, las ciudades, las estaciones, los aeropuertos, las neveras, los coches, las neveras, los parques, los museos, los puertos, las neveras, las pantallas, los tomates, los bosques, y ¿he mencionado ya las neveras?

Ahora toca plantear la pregunta adecuada. ¿Por qué todo es grande en Estados Unidos? ¿Por qué son grandes las neveras, los parques, las casas y las neveras? La respuesta es muy sencilla: porque el país es grande. Porque tienen espacio. Inscrito en sus genes está aún el “puedo y lo hago” que los bravos rancheros y cowboys del oeste pusieron en práctica años ha. “Por aquí tenemos un espacio libre. ¡Vamos a crear un nuevo estado!”. Los americanos de hoy en día piensan “esta cocina parece un tanto vacía. ¡Vamos a poner una nevera grande llena de tomates grandes!” 

Pero bueno, reconozco que hago que suene todo culpa de los estadounidenses. La verdad es que con tanto espacio, hay para volverse loco, ¿no? Y pensar un tanto diferente. Porque los americanos piensan diferente, piensan grande. Por éso el fenómeno Steve Jobs o Bill Gates no se puede dar en ningun otro lugar. Pero vamos a poner un ejemplo menos extraterrestre.

Hace cuatro días fui a hacer una excursion a una montaña llamada Moosilauke. Me dijeron que me levantara a las seis y que cogiera ropa de abrigo. ¿Para qué a las seis, me pregunté yo? La respuesta, otra vez, vuelve a ser simple. Porque la montaña en cuestión estaba a tres horas en coche. A ver, quién en Espana coge el coche y conduce tres horas de ida y tres de vuelta para ir a hacer una excursión? Quién, en un dia laborable, toma la carretera y conduce cuatro horas en total para ir a hacer un picnic en la costa? Sólo lo hacen los americanos, porque tienen espacio porque tienen un país grandecoches grandes y carreteras grandes. Y las montañas, por cierto, también son grandes, y sus cascadas, y todo es extremo. Como el frío que hacia en la cima, por ejemplo.

En resumen: que America es grande y salvaje, tanto en las ciudades como en los bosques. Y que las excursiones valen la pena, si tienes un buen padre de familia dispuesto a conducir tres horas.

Y por si alguien se lo preguntaba, he repetido la palabra grande(s) exactamente 14 veces. Os he dicho que corría el riesgo de ser repetitiva.

ESTER

It's not noise, I'm just thinking out loud

Hyperion

A collection of political interventions by Adrià Porta Caballé

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Part-time travel, full-time travel obsession

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Things my son needs to know before he grows up to be just like me.

the contextual life

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David Gaughran

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Acampada UPF

Cal plantar-se per poder conrear